Por: Nicolás González Quintero

Udaipur es una ciudad que se imagina todas las noches de la misma forma. En sus estrechas calles se aprecian letreros de diversos hoteles y bares promocionando Octopussy, una película de James Bond protagonizada por Roger Moore. Todas las noches la misma historia, los mismos personajes, la misma copia de una película rayada y de mala calidad. Una ciudad que vive de sus propios estereotipos proyectados en una mala película. Un gran acontecimiento que se repite todos los días.

Estoy hospedado en un hotel cerca al lago Pinchola, el actor de reparto de la ciudad. Un ser majestuoso que se refleja constantemente a pesar de lo sucio que pueda estar. Un lugar donde los jóvenes se desvisten, se echan un chapuzón, salen, se enjabonan, se vuelven a botar y salen como nuevos. Limpios en 2 minutos. Yo no me he bañado en 2 días. La ropa limpia se ha acabado y prefiero no quitármela para no tener que volver a ponérmela sudada y sucia. Pienso que debería echarme un chapuzón como ellos, pero me acerco al lago y lo veo verde y lleno de rosas. Veo como mujeres de todas las edades lavan la ropa en él. Para el turista sólo se convierte en un sitio para apreciar y no para sentirlo corporalmente. Veo el palacio que está en medio del lago, hermosa tradición india, mientras escribo algunas líneas y leo Heart of Darkness de Conrad. Sólo puedo contemplarlo mientras imagino a Marlow acercándose a Kurtz, sintiendo la oscuridad colonial en el alma del río Congo mientras el lago refleja la ciudad, y sus aguas se desplazan por la acción del bote en el que voy mientras circundo el palacio. La imagen reflejada de Octopussy en el agua. Nunca me podré acercar más a ella. El palacio es ahora un hotel 5 estrellas.

Los sitios privilegiados para ver el lago en toda su extensión son pocos. La torre del palacio de la orilla permite contemplarlo desde una vista panorámica. Un mirador al cual sólo se puede acceder por corto tiempo sin ser maleducado. Hay una fila detrás de mí que me pide sin palabras que me quite. Hay otro mirador. Lo confirmo en Lonely Planet. Voy para allá. Decido quedarme hasta el atardecer. Veo como todo el mundo saca sus cámaras y empieza a tomar fotos desde todos los ángulos posibles. Los turistas japoneses con sus cámaras inmensas enfocando hasta el más mínimo detalle. Algunas familias indias con sus cámaras digitales o análogas. Mi cámara se dañó en el camino. Sólo me queda como remedio guardar a Udaipur en mi memoria. El sol se va escondiendo y las luces del hotel-palacio y del jardín que hay en una isla cercana se encienden. El lago adquiere su mayor esplendor con este cambio constante de luces y, mientras tanto, me acerco más al borde y pienso en la extraña sensación de incomodidad y bienestar que me trae este sitio. Contemplo la posibilidad de no volver a encontrarte. De estar con la ropa sucia. De ser incapaz de acercarme completamente a aquello que deseo.

Me voy del sitio en el que estaba. Cojo mis cosas. Me iré a un hotel. Veré Octopussy.

Twitt

Comments


Add Comment