El joven carnicero con la bata manchada
y las uñas manchadas,
indiferente silba
una canción de amor.
Espera ansioso las cinco de la tarde
-esa hora en que el sol coagula su gran ojo-
para lavarse y lustrar su peinado
e irse al cine con esa chica simple
con cuyos senos sueña
hace ya tantas, tantas noches.
Piedad Bonnett
